jueves 5 de noviembre de 2009

"Es corrupto, pero es nuestro hombre"


(Bernard Kouchner. Canciller de Francia, en referencia al presidente de Afganistán, Hamid Karzai)

Seguramente Kouchner parafraseó, concientemente, aquella memorable frase de Franklin Delano Roosevelt. Al cuatro veces presidente de los Estados Unidos le preguntaron por que toleraba al dictador nicaragüense Anastasio “Tacho” Somoza, a lo que Roosevelt respondió “Somoza es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”.

La realpolitik imperial impone costos que no son para los estómagos sensibles a la democracia y los derechos humanos.

En declaraciones publicadas por el New York Times el ministro de relaciones exteriores francés criticó la descoordinación política y militar de la Unión Europea, y aunque defendió la política afgana de Obama, afirmó que la OTAN "no funciona para nada" en Afganistán. "¿Cuál es el objetivo? ¿Cuál es el camino? ¿En nombre de qué? ", se preguntó. Es exactamente lo mismo que se preguntan muchos analistas. Aunque la respuesta que encuentran no es enviar cada vez más tropas a una guerra perdida de antemano.

martes 3 de noviembre de 2009

Honduras, Brasil y los Estados Unidos


Cualesquiera sea el resultado de las negociaciones que deberían restituir al gobierno al presidente Zelaya, la crisis desatada por el golpe de estado hondureño ha demostrado dos cosas: el creciente protagonismo brasileño en la política continental, junto a las cavilaciones y contradicciones de la política estadounidense para la región.
La audaz maniobra de facilitar el retorno de Zelaya a su país a partir de brindarle asilo en la embajada brasileña obedeció a una serie de factores concatenados. El primero, y no menor, es el reclamo de buena parte de las cancillerías latinoamericanas de posiciones brasileñas más firmes respecto de la resolución del conflicto, visto que la mediación auspiciada por la OEA estaba empantanada. Brasil no podía permitir que su emergente liderazgo quedara cuestionado precisamente por el conglomerado de naciones que pretende encabezar.
Por otro lado, y cuestión no menor, la estabilidad de la democracia en la región estaba seriamente amenazada, en un grado comparable sólo con el intento de golpe de estado contra Hugo Chávez hace 8 años, unánimemente rechazado en la región, por gobiernos de distintos signo ideológico.
Pero fundamentalmente, porque el “darle largas” a la resolución de un conflicto sobre el cual los Estados Unidos tiene la llave maestra, fue leído por Lula, sus asesores y su cancillería (correctamente) como un intento de menoscabo del liderazgo brasileño y de la autonomía en la región. En definitiva, las dudas dentro de la administración Obama sobre el grado de autonomía que “se le debería” otorgar a América Latina, forzaron esta jugada de Brasil, avalada, implícitamente, por casi todo el continente.
Existe en la dirigencia estadounidense, salvo honrosas excepciones, una mirada superficial y un tanto omnipotente sobre las relaciones de poder entre ese país y América Latina, anclada en esquemas de los años ’90, que no reflejan los cambios acontecidos en el continente, y en el mundo, durante la primera década del siglo XXI.
La jugada brasileña en Honduras fue la primera señal concreta y efectiva de que, luego de un siglo, los estados unidos deberá compartir _ ¿consensuar?- sus decisiones con otros actores continentales.