viernes 9 de enero de 2009

Stalingrado


Sería una paradoja si finalmente la batalla de Gaza se decidiera en una "lucha callejera", casa por casa, entre las milicias del Hamas y el Ejército Israelí. Buena parte de la suerte de la Segunda Guerra Mundial se definió en una contienda similar.

Entre junio de 1942 y febrero de 1943 las tropas del Ejército Alemán se disputaron con el ejército Rojo el control de la actual ciudad rusa de Volgogrado, en aquel momento llamada Stalingrado ("ciudad de Stalin"). Si la plaza caía, la Rusia soviética quedaría dividida en dos, y la Alemania Nazi tendría acceso al petróleo del Cáucaso. por ende la orden del "Camarada Secretario General" fue resistir a cualquier costo. Los historiadores modernos calculan que ese costo fue alto: entre 1.500.000 y 2.000.000 de muertos en el sitio y las batallas alrededor de la ciudad libradas en la ofensiva alemana y la contraofensiva rusa. La mayoría de los fallecidos eran, por supuesto, rusos, y muchísimos de ellos civiles, que no murieron sólo por las bombas y las balas, sino también por el hambre, las enfermedades y el frío.

La ciudad, en ruinas por los bombardeos, facilitó al mando ruso el desarrollo de una estrategia defensiva "casa por casa": cada vivienda, o lo que de ella quedaba, se transformó en una pequeña fortaleza, que se disputaba día y noche, durante más de una semana, a veces. La sangrienta resistencia de las tropas soviéticas en Stalingrado permitió la concentración de una formidable masa de soldados y tanques que atacaron al 6to. Ejécito Alemán, que quedó cercado y debilitado por el crudo invierno. De sus 250.000 hombres, lograron rendirse casi la mitad. El trato ruso a los prisioneros no fue, precisamente, humanitario ni benevolente: tan sólo 5.000 o 10.000 hombres regresaron a Alemania.

Los mejores relatos que se conocen sobre la batalla de Stalingrado los escribió Vasili Grossman. Brillante periodista y literato, cubrió toda la campaña del Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial. En su novela "Vida y Destino" realiza, al decir de los críticos, un relato de la guerra y un retrato de la Rusia Comunista de la "era del terror" comparable a "La Guerra y la Paz" de León Tolstoi. Su madre murió en un campo de concentración alemán, y tuvo problemas con José Stalin - quien le denegó la publicación de novelas que habían sido galardonadas con los máximos lauros de los organismos literarios oficiales- por su propensión a la crítica, y por su origen judío. Es conocido el antisemitismo de Stalin, un típico "Gran Ruso", a pesar de su origen georgiano.

Vasili Grossman fue de los primeros en describir, a través de sus artículos periodísticos para el diario "Estrella Roja", el horror de los campos de exterminio Nazis en Europa Oriental, donde se produjo el asesinato en masa de millones de judíos.

Las ironías de la historia hacen que hoy el Vaticano denuncie a Gaza como un gran campo de concentración, cuando esa misma institución mantuvo, en su momento, un silencio parecido a la condescendencia respecto del genocidio judío, gitano, y el exterminio de pueblos de la Europa Oriental, disidentes políticos y partisanos de la resistencia por parte de las huestes Nazis. Tan irónico como el histórico accionar del estado de Israel respecto del pueblo palestino a través de sus Fuerzas Armadas, servicios de seguridad y de inteligencia: un compendio completo de las más variadas violaciones a los Derechos Humanos, la antítesis exacta de la heroica resistencia judía en el Gueto de Varsovia.

Libertad de expresión (y de información)

Toda la alharaca que se viene realizando sobre las restricciones de acceso a la Franja de Gaza para la prensa internacional, el fallo de la Suprema Corte de Israel, y la habilitación con cuentagotas a la prensa que realiza el ejército de ese país movería a risa si la sumatoria de muertos y heridos (abrumadoramente del lado palestino) las masacres en ataques a sedes y transportes de la ONU, la crisis humanitaria a punto de estallar, y el ridiculo en que caen las Naciones Unidas que tarda una eternidad en redactar una resolución que no será acatada por las partes en conflicto, no pintaran un panorama trágico, con posibilidades reales de volverse dantesco.
Que el Vaticano haya calificado a Gaza como un gran "Campo de Concentración", pinta la gravedad del cuadro, no sólo por quién lo dice, sino también por lo que dice. De allí se infiere que la cobertura de prensa - aún de la prensa adicta, o de la más tolerante- no puede ser permitida por el estado invasor y ocupante. Particularmente las imágenes, fotográficas y televisivas, son dificilmente manipulables, particularmente si la televisación es en directo. La foto de una pila de niños muertos es un editorial en sí mismo: "una imágen vale más que mil palabras".
El trabajo libre de la prensa en Gaza produciría testimonios por millares, alteraría aún más a la opinión pública mundial, particularmente en las potencias occidentales, cuyos gobiernos tienen que tomar en cuenta la opinión del hombre y la mujer comunes - cuando no la pueden manipular-.
Las tomas de los fotógrafos, las secuencias de los camarógrafos, las palabras de los reporteros y las crónicas escritas de los periodistas son, por su propia naturaleza, un buen antídoto contra la crueldad y la barbarie.

"Diario de una madre palestina"


"Periodista, madre, palestina ocupada, todo en el mismo paquete". Así se define Laila El-Hadad en su blog Raising Yousuf and Noor: diary of a Palestinian mother (que puede traducirse como : criando a Yousuf y Noor: diario de una madre palestina). Laila es de Gaza, donde actualmente está su familia. Ella reside en los EE.UU. junto a su esposo y sus dos hijos.

Ante la avalancha de información que nos llega, toda proveniente de una sola fuente, el Ejército israelí, bien vale visitar el blog para tener una versión de primera mano proveniente de quienes están llevando la peor parte en este enfrentamiento.

domingo 4 de enero de 2009

GAZA: EL INFIERNO EN LA TIERRA


El sitio impuesto por el estado de Israel al territorio palestino de la Franja de Gaza ha entrado en la etapa estratégica del asalto a la fortaleza enemiga. Al menos desde los tiempos de la última invasión israelí al Líbano (el paseo militar frustrado por Hezbolah) el estado mayor israelí tiene planificada la ocupación de Gaza y el derrocamiento del gobierno del Hamas, junto a la destrucción de su aparato militar.
Esto no es ninguna novedad. Es parte del plan de la dirigencia israelí que aprovechó e incentivó las divisiones al interior de la comunidad palestina mediante hábiles tácticas desarrolladas desde el asesinato de Isaac Rabin en 1995 y la “muerte” política de los acuerdos de Oslo, que posibilitaron sentar las bases de lo que sería el futuro estado Palestino (justamente la franja de Gaza fue el primer territorio que gobernó oficialmente el mítico líder de la Organización para la Liberación de Palestina Yasser Arafat).
Esta estrategia de la derecha israelí – particularmente la religiosa – fue alimentar el crecimiento de su contrapartida islámica: el Hamas; mientras aislaba política, militar y económicamente a Arafat, encarcelaba a los militantes más consecuentes de la OLP, y alimentaba la ambición y la codicia de los posibles sucesores del jefe de estado palestino, fallecido en un hospital francés víctima de una misteriosa enfermedad – que algunos caratulan como envenenamiento-.
Uno de los objetivos de este plan es la creación de un estado palestino de soberanía limitada – el que actualmente rige en Cisjordania- gobernado por una dirigencia dócil a los designios del stablishment israelí y estadounidense. Cabe recordar que ni Rabín y Arafat eran dos “palomas” precisamente, pero comprendieron, como también lo hizo Bill Clinton, que la fórmula de cambiar “paz por territorios” era una solución conveniente para los tres actores: los palestinos verían nacer su estado nacional, Israel se garantizaría fronteras estables y seguras, los Estados Unidos algo de previsibilidad en ese gran polvorín que es medio oriente.
Los líderes del Hamas y personajes como Ariel Sharon (ideólogo de la masacre en los campos de refugiados palestinos de Sabra y Shatila) o los halcones de la ultraderecha Republicana estadounidense, como Dick Cheney o Bush jr. tienen en común el fundamentalismo ideológico-cultural-religioso y una concepción militarista de la historia. Para ellos la guerra no es un instrumento de la política (Clausewitz dixit). Por lo contrario, “el fusil” se constituye en el espinazo de la estrategia. El gueto – ese gran muro que el estado de Israel construye sobre los territorios palestinos- o el exterminio – “echar a los judíos al mar”- constituyen sus objetivos finales, verdaderos e inconfesos.
La paz en el Ultser, el fin de casi un siglo de la sangrienta guerra civil entre católicos y protestantes en Irlanda del Norte demuestra que la paz es posible si hay una acción coordinada de la comunidad internacional, y racionalidad política en los actores locales. Estos dos factores están ausentes en la actualidad del conflicto árabe israelí.
La Argentina junto a los países de la Unión Sudamericana y de Centroamérica, quienes usualmente actúan como bloque en los organismos internacionales, y que durante esta década han sostenido posiciones comunes en defensa de dos de los principios fundacionales de las Naciones Unidas, el de No Intervención, y la vigencia plena de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, deben coordinar acciones de presión sobre el Consejo de Seguridad y los miembros de la Asamblea en pos de un alto el fuego inmediato junto a la urgente intervención humanitaria internacional en Gaza, y el retorno al diálogo diplomático de todas las partes involucradas, sin restricciones de ningún tipo.
El Bloque Latinoamericano tiene el deber y la responsabilidad de promover y participar de todas las decisiones que afecten el destino de la política global. Además de una cuestión de principios, es una forma de que las grandes potencias – viejas y nuevas – nos tomen cada vez más en serio.