jueves 26 de marzo de 2009

¿Es México un "Estado Fallido"?


Hillary Clinton acaba de responder que no. En su reciente visita a ese país reconoció – en parte- la responsabilidad que le cabe la los Estados Unidos en la crisis de seguridad que ha generado la lucha del estado mexicano contra los cárteles de la droga.

La tan mentada “guerra” que las fuerzas de seguridad y el ejército están perdiendo contra los empresarios del narcotráfico y sus ejércitos privados, financiados a través del lavado de dinero que realizan a través del sistema financiero internacional “legal”, y de las armas “legales” que compran libremente cruzando el Río Bravo, en los mismísimos Estados Unidos.

Este mea culpa oficial de Washington – con reconocimiento incluido de ser el principal mercado consumidor – viene acompañado de la consabida ayuda militar, que tan nefastos resultados produjera en Colombia. Si se puede hablar de algún éxito de la “Guerra al Narcotráfico” llevada a cabo en ese país sudamericano, es que empujó el negocio – sin eliminarlo – hacia Centroamérica y México.

Y es que la globalización está en las raíces del problema. Ya que el debilitamiento de los sistemas políticos y la regulación estatal sobre las economías trajo como consecuencias el crecimiento de la pobreza, y el fortalecimiento de las organizaciones criminales. Ambas se alimentan mutuamente. Los clientes y los empleados de las mafias y los cárteles del narcotráfico se reclutan en gran número entre los pobres. Estados imposibilitados de garantizar trabajo, educación y salud, junto a fuerzas de seguridad y sistemas políticos corrompidos y cómplices hicieron el resto.

México es un ejemplo sumamente didáctico sobre los efectos que sobre una economía medianamente desarrollada produce la desregulación absoluta y la apertura irrestricta al capital extranjero, en paralelo con la desintegración de las representaciones políticas y sociales tradicionales – sin que surjan nuevas que las reemplacen- , agravado esto por élites cuya mirada está puesta exclusivamente en sus negocios particulares. Sin atreverse a pedir ser siquiera un “Estado Libre Asociado”, se subordinan acríticamente al vecino del norte.

No serán los millones de dólares que Estados Unidos aporte en logística y armamento los que derrotarán a las mafias del narcotráfico, sino una renovación total y profunda de las estructuras políticas y sociales del Estado mexicano.