jueves 12 de febrero de 2009

OBAMA Y EL CAMBIO DE PARADIGMA CAPITALISTA


Detrás del conflicto bipartidario respecto de la aprobación del Paquete de Estímulo para la Economía por un monto de 789.000 millones de dólares se esconde un debate ideológico que fue sepultado a partir de los años '90 a escala planetaria, pero particularmente en el mundo desarrollado: el rol del estado en la gestión de la economía capitalista.

En ese sentido los análisis del premio Nobel de Economía 2008, el estadounidense Paul Krugman, son de por sí lo suficientemente elocuentes y representativos de una corriente de pensamiento que tuvo entre sus más destacados exponentes al también economista John Keneth Galbraith. Cuando cuestiona a Barak Obama por quedarse a mitad de camino al transigir con un sector de la oposición Republicana, cuyos parlamentarios siguen defendiendo a rajatabla las políticas de libremercado, desregulación y rebajas impositivas para los ricos, lo que Krugman actualiza es el concepto del estado como agente regulador y directriz en la generación y distribución de riqueza.

Este ataque se dirige en realidad a buena parte del equipo económico de Obama, formado en la escuela del neoliberalismo económico, pero conversos hoy por necesidad a ciertos postulados keynesianos. Es muy común escuchar hoy a prominentes referentes de la Escuela Económica de Chicago defender el gasto público y la regulación estatal como "medida de excepción" para enfrentar una crisis sistémica del capitalismo que amenaza con ser tan o más grave que la desatada en 1929, habida cuenta del alto grado integración de la economía mundial, hecho que comúnmente conocemos como globalización.

Uno de los resultados cruciales de la globalización es que posibilitó a China, gigantesco socio-competidor de los Estados Unidos, posicionarse como la otra potencia geopolítica de primer orden. Pero China tiene una deuda social pendiente con la mayoría de sus habitantes, y la caída en las exportaciones y el freno a su espectacular crecimiento ponen a su gobierno en la disyuntiva de volcarse hacia el desarrollo de su mercado interno, o afrontar una crisis social de consecuencias políticas imprevisibles. El giro al proteccionismo económico que se insinúa en los Estados Unidos probablemente refuerce esta decisión.

Como se ve, este debate ideológico y sus resultados, teóricos y, fundamentalmente, prácticos, tendrán una influencia decisiva y concreta en la reconfiguración del mundo durante los próximos años, al menos en dos aspectos. Será una de las vigas maestras de las nuevas relaciones de poder entre "antiguas potencias" y "potencias emergentes" – lo mismo al interior de cada grupo mencionado -. También para los países de "segundo o tercer orden" en la economía y la política global, como la mayoría de las naciones africanas, asiáticas, latinoamericanas y europeas orientales: respecto de un modelo de desarrollo económico sustentable social y ecológicamente que coloque a la política y al estado en un papel directriz en el proceso de cambio respecto del paradigma neoliberal impuesto a escala planetaria por la Revolución Conservadora.