viernes 21 de noviembre de 2008

RELATOS DE LA GUERRA REVOLUCIONARIA


La edición on line de “La paz en Colombia” libro del comandante Fidel Castro Ruz que puede encontrarse en el sitio www.cubadebate.cu demuestra que, con su retiro de la actividad pública el mundo pudo haber perdido un dirigente político, pero ha ganado un periodista y narrador que además de polémico, logra ser entretenido.

Las 296 páginas del libro recorren la relación de la dirigencia cubana con los distintos actores de la tragedia colombiana: las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), su plana mayor y su histórico líder - recientemente fallecido -, Manuel “Tirofijo” Marulanda, junto a varios presidentes colombianos, deteniéndose particularmente en Andrés Pastrana, quien fue el más sincero impulsor de una negociación integral con las fuerzas guerrilleras de su país.

Castro relata pormenorizadamente los intercambios de opiniones que tuvo tanto con Marulanda – por la vía epistolar, y a través de emisarios – como los encuentros personales con Pastrana. No resulta una paradoja que profese una sincera admiración por el guerrillero colombiano, a pesar de disentir con su estrategia profundizar la vía militar por sobre el camino de la negociación. También un respeto, parecido al aprecio personal, hacia el presidente Pastrana, lo cual no obsta para que lo cuestione abiertamente por haberse inclinado hacia la beligerante política de George Bush al estancarse las conversaciones de paz.

Pero el libro no se ocupa solamente de Colombia. A través de sus capítulos podemos conocer la versión del propio Fidel sobre el proceso que llevó a la expulsión del estado caribeño de la Organización de Estados Americanos. También, el papel que le cupo a Cuba como apoyo del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) en su lucha contra el régimen de dictador nicaragüense Anastasio Somoza (hijo).

El relato se centra en la ofensiva final lanzada en el Frente Sur. Somoza había amenazado con la guerra a Costa Rica – una de las más antiguas y prósperas democracias latinoamericanas, que desde mediados del siglo XX no posee ejército-. Las autoridades ticas solicitaron auxilio a los cubanos, quienes comprometieron armas a cambio de permitir a los sandinistas utilizar la frontera como base de operaciones.

Fidel construyó esta cobertura política, a la que sumó una brigada de apoyo conformada por militantes que se entrenaban para la lucha armada en la isla: “nicas”, hondureños, guatemaltecos, salvadoreños, uruguayos... particularmente oficiales del Partido Comunista y el Partido Socialista de Chile, y del Partido Comunista de Uruguay. Como se ve, una jugada compleja, que brindó al FSLN el empuje final para derrocar la dictadura de “Tachito” Somoza, terminó buscando refugio en el Paraguay de otro sempiterno dictador, el General Alfredo Stroessner.

Además Castro repasa la trágica historia del gobierno de Maurice Bishop en Granada, un pequeña isla – ex colonia británica -, invadida y ocupada por orden del presidente estadounidense Ronald Reagan. También el papel de la diplomacia cubana en la solución – sin derramamiento de sangre- de la toma de la embajada dominicana en Bogotá; las reuniones en la Habana con miembros de las direcciones de las FARC y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), y particularmente unos eventos calificados “sucesos de ficción”: el secuestro del hermano del ex presidente Colombiano César Gaviria por un ignoto comando revolucionario – que resultó ser una especie de secta política bastante delirante – y la convocatoria a su gobierno para intermediar en la negociación.

En definitiva, a través de su propia pluma se llega a apreciar los distintos roles que Fidel Castro asumió durante los últimos 50 años de política internacional: guía y ejemplo para buena parte de la izquierda – particularmente en Latinoamérica – , impulsor de los movimientos antiimperialistas y revolucionarios, a la vez que pragmático jefe de un estado que participa en un pié de igualdad en las relaciones con los otros estados miembros de la Comunidad Internacional, representantes de empresas transnacionales, eclesiásticos, intelectuales y artistas.