domingo 8 de junio de 2008

Oro Negro


En una reciente entrevista, el magnate financiero – devenido en filántropo – George Soros afirma que la espectacular alza en el precio del petróleo está íntimamente vinculada a una masa de capitales especulativos que se han volcado al negocio energético, luego de la crisis de las hipotecas “subprime”.
A confesión de parte, relevo de pruebas, reza un viejo adagio jurídico.
Esta autorizada voz de lo más granado del capitalismo globalizado polemiza así con quienes, como el afamando economista estadounidense Paul Krugman, atribuyen la inflación energética al aumento de la demanda mundial y la gradual sequía de los pozos petroleros.
Mucho de eso hay. El petróleo se acabará, en 20, 30 o 50 años. La demanda mundial creció a partir de los países “emergentes”.
Pero lo que hace Soros es confirmar, una vez más, que la globalización de los mercados que tiene lugar desde principios de la década del ’90 lo es, fundamentalmente, de una masa enorme de inversiones especulativas – lo que antaño se llamaba “el capital financiero”-, que impone su lógica al sistema económico mundial, contra la lógica del capital productivo, y fundamentalmente, de las fuerzas del trabajo, manuales e intelectuales, urbanas y rurales.