domingo 8 de junio de 2008

Hambre


El resultado de la última reunión cumbre de la FAO en Roma contradice todo lo que leímos durante los últimos 15 años sobre la crisis del estado nación, y la conformación de una sociedad mundial más justa, democrática y equitativa a partir de la liberalización del comercio internacional.
Las naciones del G-8 impusieron una declaración final en la que ni siquiera rozaron la cuestión de los subsidios que aplican a sus productores agrícolas, mientras demandan a los países productores de comodities agropecuarios que no apliquen impuestos internos, y continúen abriendo sus economías.
El capital no tendrá patria, pero ADM, Cargill, Bunge y Dreyfus, las multinacionales que manejan el comercio mundial de granos, así como Wall Mart o Carrefourt, dominantes en el mercado mundial del comercio minorista, tienen bien cuidadas las espaldas por los gobiernos de los países desarrollados de occidente.
Sería hora de preguntarse si la tan mentada crisis del estado nación no lo será, en realidad, la de una forma de estado: el de bienestar, que imponía límites al accionar de los “mercados” y distribuía progresivamente la riqueza. Esta creación de la posguerra mundial entró en vías de extinción con la globalización neoliberal, junto con la Organización de las Naciones Unidas y todo el Derecho Internacional, particularmente las cláusulas que favorecían a los pobres del “Primer Mundo” y a las naciones “ en vías de desarrollo”.
En definitiva, parece que la lógica del “estado westfalliano”, junto a la lógica de la “libre empresa” – aplicada en una economía mundial dominada por grandes monopolios- es la que sigue marcando los rumbos de la humanidad.