

Tres líderes que buscan la solución a sus problemas domésticos a través de un conflicto internacional.
Durante la pasada semana han arreciado las noticias sobre un posible bombardeo estadounidense-israelí a Irán, para detener el desarrollo del programa nuclear. Las declaraciones realizadas por Olmert en Washington se homologan con las realizadas por su par iraní el lunes 2 de junio. El mismo George Bush avaló la posibilidad de un ataque a Irán.
Hace 5 años esta escalada de declaraciones podría haber sido tomada como parte de la estrategia militar desplegada por la administración republicana para reconfigurar la geopolítica del medio oriente. En el caso iraní, como parte de su posicionamiento como potencia dominante en la misma región.
Hoy deben ser leídas como urgidas por los graves inconvenientes domésticos que atraviesan los tres jefes de estado.
George Bush se bate en retirada de su segunda presidencia, con un índice de popularidad bajísimo, y con la necesidad de apuntalar al candidato de su partido, John Mc Cain. La crisis de la economía estadounidense, que amenaza con expandirse al mundo, le otorga una buena carta de triunfo al demócrata Barck Obama. Sólo logrando instalar como tema de agenda en los medios y en la campaña electoral el tema de la guerra contra el terrorismo es que los republicanos tendrán posibilidades. Por ende, el ataque a Irán sería una forma de cambiar el curso del debate preelectoral en los Estados Unidos.
En cuanto a Olmert, desde la pírrica victoria de las FF.AA. israelíes sobre Hezbollah en la última guerra del Líbano se encuentra en situación de ser eyectado de su cargo. Investigado por corrupción, está contra las cuerdas. Un espectacular golpe contra Irán le serviría para ganar tiempo.
Finalmente, Mahmud Ahmadinejad. Asumió con la promesa de mejorar la situación económica de los sectores populares y defender los principios de la revolución iraní. Sus listas perdieron las últimas elecciones al parlamento superadas por las de los clérigos “reformistas”. El motivo: la situación económica no mejora. A pesar de los estratosféricos precios del petróleo, empeora. Ahora, hasta los mismos clérigos conservadores que avalaron su ascenso, desconfían de su sensatez y capacidad para manejar los asuntos de estado. Una guerra le vendría bastante bien, para, al menos, ganar tiempo.
Lo paradojal de la situación es que la economía mundial se encuentra jaqueada por la crisis financiera desatada en los Estados Unidos, que se está expandiendo a Europa, el aumento de los precios de los alimentos y el petróleo, debida en parte al aumento de la demanda India y China, pero fundamentalmente por los capitales especulativos que abandonaron el sistema financiero para volcarse a los mercados de granos y energía.
Un ataque a Irán llevaría el precio del petróleo a 150 o 200 dólares el barril, según estimaciones de especialistas. Esto podría acentuar la recesión de la economía estadounidense, afectar a la UE, y frenar la expansión de los países emergentes – los ya mencionados India y China, junto a otras naciones del sudeste asiático, Brasil, México y Sudáfrica-.
Lo cual podría llevar al “apocalíptico” cuadro de una recesión económica mundial, pero con inflación en el precio de los alimentos – con la consecuente extensión de la pobreza y la hambruna – y de los combustibles.Todo por la mezquina ambición personal de tres mandatarios “fundamentalistas”, y sus partidarios, que desean aferrarse al poder a cualquier precio.
Durante la pasada semana han arreciado las noticias sobre un posible bombardeo estadounidense-israelí a Irán, para detener el desarrollo del programa nuclear. Las declaraciones realizadas por Olmert en Washington se homologan con las realizadas por su par iraní el lunes 2 de junio. El mismo George Bush avaló la posibilidad de un ataque a Irán.
Hace 5 años esta escalada de declaraciones podría haber sido tomada como parte de la estrategia militar desplegada por la administración republicana para reconfigurar la geopolítica del medio oriente. En el caso iraní, como parte de su posicionamiento como potencia dominante en la misma región.
Hoy deben ser leídas como urgidas por los graves inconvenientes domésticos que atraviesan los tres jefes de estado.
George Bush se bate en retirada de su segunda presidencia, con un índice de popularidad bajísimo, y con la necesidad de apuntalar al candidato de su partido, John Mc Cain. La crisis de la economía estadounidense, que amenaza con expandirse al mundo, le otorga una buena carta de triunfo al demócrata Barck Obama. Sólo logrando instalar como tema de agenda en los medios y en la campaña electoral el tema de la guerra contra el terrorismo es que los republicanos tendrán posibilidades. Por ende, el ataque a Irán sería una forma de cambiar el curso del debate preelectoral en los Estados Unidos.
En cuanto a Olmert, desde la pírrica victoria de las FF.AA. israelíes sobre Hezbollah en la última guerra del Líbano se encuentra en situación de ser eyectado de su cargo. Investigado por corrupción, está contra las cuerdas. Un espectacular golpe contra Irán le serviría para ganar tiempo.
Finalmente, Mahmud Ahmadinejad. Asumió con la promesa de mejorar la situación económica de los sectores populares y defender los principios de la revolución iraní. Sus listas perdieron las últimas elecciones al parlamento superadas por las de los clérigos “reformistas”. El motivo: la situación económica no mejora. A pesar de los estratosféricos precios del petróleo, empeora. Ahora, hasta los mismos clérigos conservadores que avalaron su ascenso, desconfían de su sensatez y capacidad para manejar los asuntos de estado. Una guerra le vendría bastante bien, para, al menos, ganar tiempo.
Lo paradojal de la situación es que la economía mundial se encuentra jaqueada por la crisis financiera desatada en los Estados Unidos, que se está expandiendo a Europa, el aumento de los precios de los alimentos y el petróleo, debida en parte al aumento de la demanda India y China, pero fundamentalmente por los capitales especulativos que abandonaron el sistema financiero para volcarse a los mercados de granos y energía.
Un ataque a Irán llevaría el precio del petróleo a 150 o 200 dólares el barril, según estimaciones de especialistas. Esto podría acentuar la recesión de la economía estadounidense, afectar a la UE, y frenar la expansión de los países emergentes – los ya mencionados India y China, junto a otras naciones del sudeste asiático, Brasil, México y Sudáfrica-.
Lo cual podría llevar al “apocalíptico” cuadro de una recesión económica mundial, pero con inflación en el precio de los alimentos – con la consecuente extensión de la pobreza y la hambruna – y de los combustibles.Todo por la mezquina ambición personal de tres mandatarios “fundamentalistas”, y sus partidarios, que desean aferrarse al poder a cualquier precio.
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