
Quizás las primeras víctimas de la zozobra del sistema financiero planetario generada por la crisis de las hipotecas en los Estados Unidos sean los habitantes del estado más pobre, inestable y violento de América Latina: Haití.
Es que el vertiginoso aumento de los alimentos y el combustible durante las últimas semanas generaron una protesta popular que el día 4 de abril se cobró 5 vidas. Saqueos de comercios, ataque a un cuartel de la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (Minustah), una fuerza plurinacional enviada para garantizar las elecciones luego de la última crisis política que le costó el puesto al presidente Jean Bertrand Aristide.
De ese cuestionado proceso, que comenzó con la intervención unilateral de los Estados Unidos y Francia, resultó electo en el 2006 René Preval, a quien hoy multitudes enardecidas le exigen la renuncia.
El representante de las Naciones Unidas para Haití culpó al alza mundial del precio de los alimentos y del petróleo por el estallido de las protestas y el retorno a la inestabilidad política. Es que gracias a las políticas de liberalización aplicadas de acuerdo a las viejas recetas del Fondo Monetario Internacional, esa nación pasó del autoabastecimiento a importar el 80% de lo que comen los haitianos, quienes en su mayoría subsisten con menos de 2 dólares diarios.
Es que las turbulencias provocadas por el crack de los bancos inmobiliarios norteamericanos se está extendiendo gradualmente a todo el sistema, lo que lleva a los inversores internacionales a buscar refugio en valores más seguros, como el oro, el petróleo – que ya superó la barrera de los 110 dólares por barril – o los comodities agropecuarios, como la soja y el maíz.
Esta coyuntura de la economía internacional favorece a los países productores agropecuarios o hidrocarburíferos, pero perjudica a las naciones pobres que no puede abastecer a su propio mercado – EE.UU. y Europa se autoabastecen alimentariamente a partir del sistema de subsidios y restricciones arancelarias que le permite a sus productores sobrevivir a la competencia de la producción latinoamericana o asiática-.
Según el último informe del FMI la crisis financiera ya produjo pérdidas por casi un billón de dólares, y amenaza con una recesión para los Estados Unidos, y una seria limitación al crecimiento de la economía mundial.
Es materia de debate entre los economistas en qué grado afectará al mundo una crisis financiera global generada en el centro mismo del sistema. Si la economía China acusa el golpe – los consumidores estadounidenses son los principales compradores de manufacturas chinas- la demanda de energía y productos agropecuarios bajaría, generando enormes fluctuaciones, con una cierta tendencia a la baja.
Lo cual no mejoraría sustancialmente el nivel de vida de Haití, pero aproximaría y cientos de millones de habitantes de distintos países al nivel de vida de los haitianos. Sin descartar un escenario similar al de la crisis de los años ’30, que combinaba la superproducción con el subconsumo: demasiados productos en el mercado, salarios demasiado bajos – lo que se traduce en demasiados pobres- para poder consumirlos.
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