jueves 27 de diciembre de 2007

Una bomba en el polvorín Paquistaní



Ha muerto Benazir Bhutto. Tomémonos un par de horas para analizar lo primero que hay que pensar en estos casos. A quien beneficia su muerte. por ahora, podemos seguir la información distintos sitios
Perfil biográfico
Nota de opinión
Análisis de El País (Madrid)
The Independent (UK, gracias C)
Pasadas las 24 horas, y reivindicado el atentado por Al Qaeda,podemosdespuntar un par de reflexiones.
En principio, los partidarios de Benazir acusaron (y señalan todavía) al general Pervez Musharraf como autor intelectual del atentado. Razones no faltan.El dictador paquistaní sólo accedió al proceso electoral bajo la presión de los Estados Unidos, potencia mentora de su gobierno, como bien señalara el periodista argentino Oscar Raúl Cardoso.
Este atentado no sólo elimina a su más peligroso contendiente electoral. También se garantiza la continuidad de la dictadura militar con “ropas civiles”. Más precisamente, con un traje que parece diseñado a la medida por Washington.
Se objetará que Benazir Bhutto era bien vista por las potencias occidentales, y que existió una negociación, no tan secreta, entre el general y la lider del Partido Popular del Pakistán para concertar la salidad electoral del 8 de enero. Razón demás para que Al Qaeda, o cuaquier otra corriente del denominado "islam radical", atentara contra su vida.
Pero suele suceder en los entuertos de la política, será difícil saber la mano de quien está detrás de todo esto. Baste recordar la hipótesis de la Operación Gladio en el asesinato de Aldo Moro.
Seamos claros. Durante todo el siglo XX los Estados Unidos, a pesar de presentarse como la potencia defensora de la democracia en el mundo, siempre tuvo preferencia por los generales a la hora de nombrar custodios de sus intereses en lo que se denominó el “Tercer Mundo”.
Pakistán es una potencia nuclear ubicada en corazón de la zona geopolítica más caliente del planeta. El norte del país fue santuario utilizado por los mujaidines que combatieron la ocupación soviética de Afganistán durante los años '80, con el apoyo y sostén de los Estados Unidos. Esos mismos grupos evolucionarían hacia un islamismo fundamentalista (de allí surgirían tanto el Taliban como Al Qaeda).
Sencillamente estos grupos se volvieron contra sus antiguos amos, se disputaron - se disputan- el control de Afganistán, y además proporcionan una protección y base operativa altamente efectiva a la organización de Osama Bin Laden.
Hay que recordar que Pakistán es una República Islámica desde su mismo nacimiento, en una guerra civil con la India a partir de la independencia. En esta separación, resistida por Gandhi, mucho tuvo que ver la estrategia política del imperio británico en decadencia.
Desde esa época mantiene un estado de tensión con ese estado vecino, también potencia nuclear, que se cristalizó en incidentes fronterizos, y una guerra de la cual emergió un estado independiente: Bangladesh.
¿Qué sucederá en Pakistán si las masas partidarias de Benazir Bhutto se sublevan en forma espontánea?
¿Tienen sentido las elecciones después de este magnicidio?
¿Qué resultados pueden salir de las mismas?
Son todas incógnitas para las potencias occidentales, que, enseguecidas por la "Guerra Global Contra el Terrorismo", no aciertan a una mirada más amplia en lo cultural, y de más largo aliento en lo político para la región.

sábado 22 de diciembre de 2007

Hacia una crisis del panamericanismo



El siglo XXI parece ser, paradójicamente, aquel en que América Latina está poniendo en jaque, con dichos, pero fundamentalmente con hechos, la Doctrina Monroe y el Corolario Roosevelt.
La paradoja radica en que no fue la lucha revolucionaria de los ’60 y ’70 la que socavó el dominio imperial, sino el fin de la bipolaridad junto a la “globalización” económica, ambas propulsadas por los Estados Unidos en la creencia que la preeminencia de una sociedad planetaria moldeada en los cánones ideológicos neoliberales le permitiría concretar el sueño del “Imperio Universal”, que solo consiguiera, parcialmente, la antigua Roma.
Pero la crisis financiera desatada por los miles de estadounidenses que dejaron de pagar sus hipotecas está sacando a la luz el lado oscuro de sostener el boom del consumo sobre la base del crédito externo, mientras la economía norteamericana pierde competitividad respecto de China, las Naciones Emergentes y hasta la UE.
Agreguémosle a esto los costos de mantener a las mayores FF.AA. del mundo, embarcadas en una desastrosa operación en el corazón de Medio Oriente, cuya salida militar es incierta, y cuyo resultado político es una pérdida de gravitación en los asuntos mundiales que se hará cada vez más notoria en los próximos años.
La declinación gradual de los Estados Unidos, junto a la entrada de nuevos jugadores de primera línea como China, y en mayor medida La India, México y Brasil, junto a la vertiginosa recuperación del protagonismo ruso, están generando nuevos sistemas de alianzas económicos, políticos y militares, en las diversas regiones, y en diferentes escalas.
La situación es altamente inestable, pero ciertos lineamientos parecen surgir, producto de la voluntad política de los actores.
El primer síntoma de la crisis de la hegemonía norteamericana fue la demolición del ALCA producida por los socios del MERCOSUR más Venezuela. Y esto fue posible no porque la administración Bush fuera benevolente, sino porque no pudo evitarlo. A partir de ese momento, aún con más claridad, los movimientos de la mayoría de los mandatarios latinoamericanos, desde el moderadísimo Luis Felipe Calderón hasta el desafiante y rebelde Hugo Chávez se movieron sobre la base de esa misma lectura geopolítica.
Claro, cada uno lo hizo de acuerdo a la situación de su país, y la perspectiva ideológica que guía su gestión. Pero, en los hechos, el bloque regional latinoamericano viene manejándose cada vez con más autonomía respecto de las decisiones de Washington. Si bien en la mayoría prima, además de la elegancia diplomática, una sabia prudencia, ya que el león herido todavía puede hacer mucho más que rugir.

Algo más sobre los rugidos del león

Un “botón de muestra” respecto de como los Estados Unidos ya no determina “a piacere” la política latinoamericana es todo el proceso de negociación que se lleva adelante para obtener la liberación de Ingrid Betancourt y demás rehenes de las FARC.
Fue el mismísimo presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, un firme aliado de la Casa Blanca, pero con juego propio, quien habilitó a Hugo Chávez para realizar la mediación, sin tomar demasiado en cuenta las opiniones del presidente colombiano Álvaro Uribe, el mejor socio de la administración Bush en nuestro continente.
El Departamento de Estado, el Pentágono y el gobierno de Uribe hicieron – y hacen - todo lo posible por boicotear el proceso, temerosos del rédito político que sacaría Chávez... y del profundo cuestionamiento a la autoridad de USA sobre la región, producido (otra paradoja y van...) por el líder de una potencia extranjera amiga...
Es que el pragmático Sarkozy eligió el camino más corto y práctico para resolver una cuestión, la de la ciudadana franco colombiana Ingrid, que en Francia es una cuestión de Estado, ya que lo es para la Opinión Pública. Y Sarkozy sabe que Venezuela no es Irán, ni Chávez es Ahmadinejad, aunque ambos se muestren como socios. Sutilezas de un análisis político “florentino”, tan típicamente europeo, que no caben en la maniquea visión “cow boys buenos, indios malos” que alimenta el imaginario de George Bush jr, Dick Cheney & Co.


jueves 13 de diciembre de 2007

Como elefante en un bazar


Con la sutileza de un paquidermo en una cristalería, el gobierno de los Estados Unidos acaba de comunicar su malestar con el gobierno argentino ante la exhibición de autonomía realizada por los estados sudamericanos (desde la díscola Venezuela hasta el “confiable” Brasil) durante las ceremonias de asunción de la nueva presidente de ese país, Cristina Fernández de Kirchner.
Y lo hizo de la manera que estila la política en el mundo del “post Muro de Berlín”: a través de una “Operación de Inteligencia” ventilada por los Medios de Comunicación Social.
Guido Alejandro Antonini Wilson es un ciudadano venezolano-estadounidense con pedido de captura por parte de la justicia argentina, a partir de un proceso que se le sigue por tratar de introducir ilegalmente a ese país una valija con 800.000 dólares. Lo hizo al descender de un jet que trasladaba a funcionarios del gobierno argentino y de la petrolera estatal venezolana PDVSA.
Este episodio le trajo sus buenos dolores de cabeza al ex presidente Néstor Kirchner, ya que el escándalo ganó las primeras planas en plena campaña electoral, cuando buscaba que su esposa lo sucediera en la primera magistratura.
El pedido de captura internacional languideció en los tribunales estadounidenses hasta la fecha. Pero casualmente el 12 de diciembre, dos días después de la asunción de la actual mandataria, de la firma del acta fundacional del Banco del Sur; de las reuniones multilaterales entre la diplomacia francesa y las cancillerías sudamericanas para lograr reabrir el diálogo con las FARC para obtener la liberación de Ingrid Betancourt; los duros discursos antiimperialistas pronunciados por Evo Morales y Hugo Chávez; y de la reafirmación de las buenas relaciones del MERCOSUR con Venezuela, es que un Fiscal Federal de los EE.UU. junto al FBI vuelven a poner el “affaire del maletín con 800.000 dólares” en la tapa de los diarios.
Pero hete aquí que Antonini Wilson ya no aparece como imputado por un delito, sino, a través de un giro digno de una novela de Tom Clancy, como víctima de una extorsión por parte de sus supuestos socios en el traslado de un dinero, que, según los Fiscales, estaba destinado a financiar la campaña de Cristina Fernández de Kirchner,
CFK es la esposa de un presidente que manejó discrecionalmente – a partir de las facultades delegadas por el Congreso – un presupuesto de 128.473 millones de pesos, equivalente a unos 42 mil millones de dólares aproximadamente. No parece que a la señora le hubiere hecho falta el dinero, y menos a través de semejante trapisonda.
Cabe acotar que, con sus diferencias, Néstor Kirchner y George Bush tienen, al menos, dos puntos en común: ambos han sido acusados por sus opositores de manipular la justicia, y ambos parecen formar parte de una dinastía que busca la perpetuidad en el gobierno.
Por lo tanto, cabe dudar de la imparcialidad de los Fiscales estadounidenses que han divulgado esta historia, digna de un film de espías de clase B.
El mensaje ha sido directo hacia Chávez: otro balde de lodo más, aunque su gestión es, en parte, responsable de darle esta oportunidad a la administración Bush, ya que Antonini Wilson era hombre vinculado al vicepresidente de PDVSA.
También lo es, aunque menos directamente, para Cristina Fernández de K: “teníamos otras expectativas, apenas comienzas, y ya nos defraudas”. Finalmente, de un modo indirecto, para todo el MERCOSUR, incluido el Brasil de Lula: “no nos olvidamos de la última Cumbre de las Américas, y el fracaso del ALCA”.
Mucho se ha dicho y escrito sobre el olvido de esta administración norteamericana respecto de América Latina, ocupada, como está, en resolver cuestiones como las de Medio Oriente (o mejor dicho en quedarse con el petróleo de esa región).
No soy de los que comparten esa opinión. La administración ha monitoreado intensamente nuestra geografía durante estos últimos años. No para otorgar beneficios, cosa que hizo a cuentagotas. Sino para garantizarse 4 cosas: la firma del ALCA; el alineamiento automático con su política exterior; el aislamiento de Cuba; y finalmente, no menos importante, recuperar el control político sobre el petróleo venezolano.
Ese desprecio por los intereses de sus interlocutores latinos es el que creó las condiciones para los movimientos autonómicos del MERCOSUR y la rebeldía Bolivariana.
En muchos sentidos, las disidencias y resistencias de pueblos y gobiernos en el sur del continente son consecuencia directa de los resultados del Consenso de Washington, sumados a la increíble torpeza de la Casa Blanca, el Departamento de Estado y el Pentágono al desarrolla políticas llevadas a cabo por funcionarios que parecen ver a América Latina con las anteojeras de los estereotipos reflejados en los peores films de Hollywood.

lunes 3 de diciembre de 2007

La revolución venezolana ante sus límites



El estrechísimo margen de la derrota del proyecto constitucional de Hugo Chávez en Venezuela parece marcar los límites de los proyectos reformistas y progresistas que en América Latina se han autocaratulado bajo el rótulo de “Socialismo del Siglo XXI”.
Nunca mejor ubicada la cita de uno de los primeros teóricos de la tendencia reformista del movimiento socialdemócrata alemán, Ferdinand Lasalle (Amigo de Karl Marx, y quizá uno de sus primeros disidentes ideológicos en la socialdemocracia del siglo XIX). Lasalle distinguía entre la constitución formal, la del papel, y la constitución real, que es producto de la vida social, de la relación entre las clases en una sociedad capitalista.
Agreguemos que, como señalara León Trotsky en su “Historia de la Revolución Rusa”, las elecciones son un buen termómetro del estado de conciencia de las masas en un momento histórico determinado.
En Venezuela el veredicto electoral, si bien de modo ajustadísimo, le dio la espalda a un proyecto de constitución contradictorio, con artículos que proponían formas de democracia social y directa junto a otros que parecían un traje hecho a la medida del liderazgo personalista de Hugo Chávez.

En la coyuntura electoral parece haber pesado tanto el hecho de que la oposición hizo campaña unida – no habiendo cargos a repartir se facilita la consonancia -, reforzada por las disidencias en el oficialismo. La más notoria, a un mes de las elecciones, fue la renuncia del Ministro de Defensa de Chávez, Raúl Isaías Baudel.
Este no es un dato menor, ya que se trata de un hombre con quien Chávez tuvo una buena relación personal e ideológica desde sus épocas de oficial de las FF.AA. Es más, Baudel fue quien dirigió al sector del Ejército leal al gobierno constitucional durante la intentona golpista del año 2002.
Esta renuncia es la punta del aisberg de un debate en el chavismo que, no tan entre bambalinas, se viene desarrollando a partir de que el coronel decidió concentrar todas las corrientes que lo apoyan en el Partido Socialista Unido de Venezuela, asumiendo que en su persona coincidirían el poder político, partidario y doctrinario del socialismo venezolano.
La resistencia a esta hegemonía personal de Chávez no proviene solamente de las disputas por espacios de poder en el aparato del estado.
Lo son también por la representación popular, y, un dato no menor, tratándose de un período de intensas luchas sociales y política como el que atraviesa ese país, una disputa ideológica.
El chavismo es un movimiento variopinto que tiene como denominadores comunes, además de la conducción del líder, la vocación por los cambios sociales y el antiimperialismo, particularmente contra los Estados Unidos. No queda clara su vocación antielectoral y antiparlamentaria, si bien hay viejos compañeros de ruta “nacionalistas”, y otros más nuevos, de cuño marxista leninista. Pero en los hechos, luego de su intento de golpe de estado en la década del ’90, Chávez ha respetado las formas y los contenidos de la democracia electoral.
Por lo tanto, cabría definir al gobierno venezolano como democrático en lo político y lo social, si bien asumiendo las características propias de la personalidad e idiosincrasia de este personaje carismático que es el Coronel Hugo Chávez Frías. Y también, el hecho de sus orígenes “nacionalistas” y su enfrentamiento con la “partidocracia” venezolana, de cuyos defectos es una consecuencia directa. Baste decir que es el único presidente que, en los últimos 20 años, se ocupó de utilizar la renta petrolera para mejorar la vida de los que nada tienen, y que en Venezuela, como en nuestro continente, son multitud.
Habrá que ver como evoluciona la situación política. Particularmente, como asimila el golpe electoral el conglomerado de fuerzas políticas y sociales acaudilladas por Chávez. También, cual es el comportamiento de la oposición, y particularmente, de las potencias interesadas en el eclipse del actual gobierno. La primera de ellas, los Estados Unidos de América.
Pero cabe recordar que, como buen militar, el coronel Hugo sabe perfectamente que perder una batalla no es perder la guerra. Y el plebiscito fue una batalla. No la guerra.

Bolivia: Poder Constituyente vs. Poder Constituido


“Entre tantas preguntas sin responder, una será respondida: ¿qué revolución compensará las penas de los hombres”
Andrés Rivera, “La revolución es un sueño eterno”

La situación de pre guerra civil boliviana parece haber sido pergeñada a propósito para ser incluída en algún libro de Antonio Negri. O sacada de alguna obra del mismo autor.
A riesgo de extrapolar (peligro en extremo grave en las ciencias sociales, como acertadamente señalara un profesor de mis años de universidad) las tensiones extremas entre grupos sociales y étnicos en una sociedad de la periferia del sistema capitalista (y en la que los rasgos de la crueldad de ese mismo sistema se pueden apreciar a flor de tierra) parecen delineadas de los grandes ejemplos de la tradición revolucionaria occidental.
Esa larga tradición también nos da cuenta de que todas las grandes revoluciones fueron derrotadas, o traicionadas (que es otra forma de la derrota).
¿Existe alguna salida para el atolladero boliviano?.
En términos estrictamente realistas, la correlación de fuerzas a nivel interno está relativamente a favor del bloque conformado por indígenas, campesinos y sectores populares urbanos que apoyan a Evo Morales, fundamentalmente en la zona noroeste del país. Pero las burguesías del sur y oeste del país, donde se asienta la riqueza hidrocarburífera y minera, han ganado base social resucitando las viejas reivindicaciones regionales.
Si la cosa se dirimiera sólo a partir de la coyuntura estratégico militar, el bloque “popular y progresista”, por darle un nombre, cuenta, al parecer, con la mayoría de las FF.AA. la policía. Por ende, tendría posibilidades de victoria.
Pero toda guerra civil se internacionaliza. Y fuera de Venezuela, ¿quien apoyaría a las fuerzas constitucionales del presidente Evo Morales?. No se ve al gobierno argentino, ni mucho menos al brasileño, inmiscuyéndose en una guerra civil con un fuerte componente étnico y de clase. Lo que más quieren esos dos países, y también Chile, es asegurarse la provisión de gas. Ni pensar en un apoyo de las potencias europeas...en el mejor caso, se puede esperar la neutralidad. Y ya sabemos de que lado encontraríamos a los Estados Unidos.
Por ende, la situación internacional favorece a las fuerzas conservadoras. Estos grupos sociales lo saben, y alientan las provocaciones de la Falange boliviana y los grupos de choque “cívicos” en función de tensar la cuerda, suponiendo, con razón, que Evo Morales y Álvaro García Linera se verán en algún momento obligados a negociar.
Claro que todos estos cálculos son sobre el papel. Nadie sabe que puede pasar si los sectores más duros de la derecha intentas alguna provocación sangrienta – la historia boliviana está llena de matanzas, magnicidios y golpes de estado -, y los sectores populares ganan la calle, y las armas. El fantasma de la guerra de España se encuentra al acecho.