Ha muerto Benazir Bhutto. Tomémonos un par de horas para analizar lo primero que hay que pensar en estos casos. A quien beneficia su muerte. por ahora, podemos seguir la información distintos sitios
Perfil biográfico
Nota de opinión
Análisis de El País (Madrid)
The Independent (UK, gracias C)
Pasadas las 24 horas, y reivindicado el atentado por Al Qaeda,podemosdespuntar un par de reflexiones.
En principio, los partidarios de Benazir acusaron (y señalan todavía) al general Pervez Musharraf como autor intelectual del atentado. Razones no faltan.El dictador paquistaní sólo accedió al proceso electoral bajo la presión de los Estados Unidos, potencia mentora de su gobierno, como bien señalara el periodista argentino Oscar Raúl Cardoso.
Este atentado no sólo elimina a su más peligroso contendiente electoral. También se garantiza la continuidad de la dictadura militar con “ropas civiles”. Más precisamente, con un traje que parece diseñado a la medida por Washington.
Se objetará que Benazir Bhutto era bien vista por las potencias occidentales, y que existió una negociación, no tan secreta, entre el general y la lider del Partido Popular del Pakistán para concertar la salidad electoral del 8 de enero. Razón demás para que Al Qaeda, o cuaquier otra corriente del denominado "islam radical", atentara contra su vida.
Pero suele suceder en los entuertos de la política, será difícil saber la mano de quien está detrás de todo esto. Baste recordar la hipótesis de la Operación Gladio en el asesinato de Aldo Moro.
Seamos claros. Durante todo el siglo XX los Estados Unidos, a pesar de presentarse como la potencia defensora de la democracia en el mundo, siempre tuvo preferencia por los generales a la hora de nombrar custodios de sus intereses en lo que se denominó el “Tercer Mundo”.
Pakistán es una potencia nuclear ubicada en corazón de la zona geopolítica más caliente del planeta. El norte del país fue santuario utilizado por los mujaidines que combatieron la ocupación soviética de Afganistán durante los años '80, con el apoyo y sostén de los Estados Unidos. Esos mismos grupos evolucionarían hacia un islamismo fundamentalista (de allí surgirían tanto el Taliban como Al Qaeda).
Sencillamente estos grupos se volvieron contra sus antiguos amos, se disputaron - se disputan- el control de Afganistán, y además proporcionan una protección y base operativa altamente efectiva a la organización de Osama Bin Laden.
Hay que recordar que Pakistán es una República Islámica desde su mismo nacimiento, en una guerra civil con la India a partir de la independencia. En esta separación, resistida por Gandhi, mucho tuvo que ver la estrategia política del imperio británico en decadencia.
Desde esa época mantiene un estado de tensión con ese estado vecino, también potencia nuclear, que se cristalizó en incidentes fronterizos, y una guerra de la cual emergió un estado independiente: Bangladesh.
¿Qué sucederá en Pakistán si las masas partidarias de Benazir Bhutto se sublevan en forma espontánea?
¿Tienen sentido las elecciones después de este magnicidio?
¿Qué resultados pueden salir de las mismas?
Son todas incógnitas para las potencias occidentales, que, enseguecidas por la "Guerra Global Contra el Terrorismo", no aciertan a una mirada más amplia en lo cultural, y de más largo aliento en lo político para la región.
Este atentado no sólo elimina a su más peligroso contendiente electoral. También se garantiza la continuidad de la dictadura militar con “ropas civiles”. Más precisamente, con un traje que parece diseñado a la medida por Washington.
Se objetará que Benazir Bhutto era bien vista por las potencias occidentales, y que existió una negociación, no tan secreta, entre el general y la lider del Partido Popular del Pakistán para concertar la salidad electoral del 8 de enero. Razón demás para que Al Qaeda, o cuaquier otra corriente del denominado "islam radical", atentara contra su vida.
Pero suele suceder en los entuertos de la política, será difícil saber la mano de quien está detrás de todo esto. Baste recordar la hipótesis de la Operación Gladio en el asesinato de Aldo Moro.
Seamos claros. Durante todo el siglo XX los Estados Unidos, a pesar de presentarse como la potencia defensora de la democracia en el mundo, siempre tuvo preferencia por los generales a la hora de nombrar custodios de sus intereses en lo que se denominó el “Tercer Mundo”.
Pakistán es una potencia nuclear ubicada en corazón de la zona geopolítica más caliente del planeta. El norte del país fue santuario utilizado por los mujaidines que combatieron la ocupación soviética de Afganistán durante los años '80, con el apoyo y sostén de los Estados Unidos. Esos mismos grupos evolucionarían hacia un islamismo fundamentalista (de allí surgirían tanto el Taliban como Al Qaeda).
Sencillamente estos grupos se volvieron contra sus antiguos amos, se disputaron - se disputan- el control de Afganistán, y además proporcionan una protección y base operativa altamente efectiva a la organización de Osama Bin Laden.
Hay que recordar que Pakistán es una República Islámica desde su mismo nacimiento, en una guerra civil con la India a partir de la independencia. En esta separación, resistida por Gandhi, mucho tuvo que ver la estrategia política del imperio británico en decadencia.
Desde esa época mantiene un estado de tensión con ese estado vecino, también potencia nuclear, que se cristalizó en incidentes fronterizos, y una guerra de la cual emergió un estado independiente: Bangladesh.
¿Qué sucederá en Pakistán si las masas partidarias de Benazir Bhutto se sublevan en forma espontánea?
¿Tienen sentido las elecciones después de este magnicidio?
¿Qué resultados pueden salir de las mismas?
Son todas incógnitas para las potencias occidentales, que, enseguecidas por la "Guerra Global Contra el Terrorismo", no aciertan a una mirada más amplia en lo cultural, y de más largo aliento en lo político para la región.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada