
El siglo XXI parece ser, paradójicamente, aquel en que América Latina está poniendo en jaque, con dichos, pero fundamentalmente con hechos, la Doctrina Monroe y el Corolario Roosevelt.
La paradoja radica en que no fue la lucha revolucionaria de los ’60 y ’70 la que socavó el dominio imperial, sino el fin de la bipolaridad junto a la “globalización” económica, ambas propulsadas por los Estados Unidos en la creencia que la preeminencia de una sociedad planetaria moldeada en los cánones ideológicos neoliberales le permitiría concretar el sueño del “Imperio Universal”, que solo consiguiera, parcialmente, la antigua Roma.
Pero la crisis financiera desatada por los miles de estadounidenses que dejaron de pagar sus hipotecas está sacando a la luz el lado oscuro de sostener el boom del consumo sobre la base del crédito externo, mientras la economía norteamericana pierde competitividad respecto de China, las Naciones Emergentes y hasta la UE.
Agreguémosle a esto los costos de mantener a las mayores FF.AA. del mundo, embarcadas en una desastrosa operación en el corazón de Medio Oriente, cuya salida militar es incierta, y cuyo resultado político es una pérdida de gravitación en los asuntos mundiales que se hará cada vez más notoria en los próximos años.
La declinación gradual de los Estados Unidos, junto a la entrada de nuevos jugadores de primera línea como China, y en mayor medida La India, México y Brasil, junto a la vertiginosa recuperación del protagonismo ruso, están generando nuevos sistemas de alianzas económicos, políticos y militares, en las diversas regiones, y en diferentes escalas.
La situación es altamente inestable, pero ciertos lineamientos parecen surgir, producto de la voluntad política de los actores.
El primer síntoma de la crisis de la hegemonía norteamericana fue la demolición del ALCA producida por los socios del MERCOSUR más Venezuela. Y esto fue posible no porque la administración Bush fuera benevolente, sino porque no pudo evitarlo. A partir de ese momento, aún con más claridad, los movimientos de la mayoría de los mandatarios latinoamericanos, desde el moderadísimo Luis Felipe Calderón hasta el desafiante y rebelde Hugo Chávez se movieron sobre la base de esa misma lectura geopolítica.
Claro, cada uno lo hizo de acuerdo a la situación de su país, y la perspectiva ideológica que guía su gestión. Pero, en los hechos, el bloque regional latinoamericano viene manejándose cada vez con más autonomía respecto de las decisiones de Washington. Si bien en la mayoría prima, además de la elegancia diplomática, una sabia prudencia, ya que el león herido todavía puede hacer mucho más que rugir.
1 comentarios:
Es cierto lo que se plantéa en este artículo. Estados Unidos está viendo como surgen compentidores hacía su hegemonía. También que el Mercosur y algunos países latinoamericanos pueden manejarse con más soltura. En cuan a la situación en Irak, si bien política y militarmente es un escenario complicado para Washington, no olvidemos que las grandes empresas petroleras y las armamentísticas estan obteniendo grandes sumas de ganancias.
ALFA
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