
“Entre tantas preguntas sin responder, una será respondida: ¿qué revolución compensará las penas de los hombres”
Andrés Rivera, “La revolución es un sueño eterno”
La situación de pre guerra civil boliviana parece haber sido pergeñada a propósito para ser incluída en algún libro de Antonio Negri. O sacada de alguna obra del mismo autor.
A riesgo de extrapolar (peligro en extremo grave en las ciencias sociales, como acertadamente señalara un profesor de mis años de universidad) las tensiones extremas entre grupos sociales y étnicos en una sociedad de la periferia del sistema capitalista (y en la que los rasgos de la crueldad de ese mismo sistema se pueden apreciar a flor de tierra) parecen delineadas de los grandes ejemplos de la tradición revolucionaria occidental.
Esa larga tradición también nos da cuenta de que todas las grandes revoluciones fueron derrotadas, o traicionadas (que es otra forma de la derrota).
¿Existe alguna salida para el atolladero boliviano?.
En términos estrictamente realistas, la correlación de fuerzas a nivel interno está relativamente a favor del bloque conformado por indígenas, campesinos y sectores populares urbanos que apoyan a Evo Morales, fundamentalmente en la zona noroeste del país. Pero las burguesías del sur y oeste del país, donde se asienta la riqueza hidrocarburífera y minera, han ganado base social resucitando las viejas reivindicaciones regionales.
Si la cosa se dirimiera sólo a partir de la coyuntura estratégico militar, el bloque “popular y progresista”, por darle un nombre, cuenta, al parecer, con la mayoría de las FF.AA. la policía. Por ende, tendría posibilidades de victoria.
Pero toda guerra civil se internacionaliza. Y fuera de Venezuela, ¿quien apoyaría a las fuerzas constitucionales del presidente Evo Morales?. No se ve al gobierno argentino, ni mucho menos al brasileño, inmiscuyéndose en una guerra civil con un fuerte componente étnico y de clase. Lo que más quieren esos dos países, y también Chile, es asegurarse la provisión de gas. Ni pensar en un apoyo de las potencias europeas...en el mejor caso, se puede esperar la neutralidad. Y ya sabemos de que lado encontraríamos a los Estados Unidos.
Por ende, la situación internacional favorece a las fuerzas conservadoras. Estos grupos sociales lo saben, y alientan las provocaciones de la Falange boliviana y los grupos de choque “cívicos” en función de tensar la cuerda, suponiendo, con razón, que Evo Morales y Álvaro García Linera se verán en algún momento obligados a negociar.
Claro que todos estos cálculos son sobre el papel. Nadie sabe que puede pasar si los sectores más duros de la derecha intentas alguna provocación sangrienta – la historia boliviana está llena de matanzas, magnicidios y golpes de estado -, y los sectores populares ganan la calle, y las armas. El fantasma de la guerra de España se encuentra al acecho.
Andrés Rivera, “La revolución es un sueño eterno”
La situación de pre guerra civil boliviana parece haber sido pergeñada a propósito para ser incluída en algún libro de Antonio Negri. O sacada de alguna obra del mismo autor.
A riesgo de extrapolar (peligro en extremo grave en las ciencias sociales, como acertadamente señalara un profesor de mis años de universidad) las tensiones extremas entre grupos sociales y étnicos en una sociedad de la periferia del sistema capitalista (y en la que los rasgos de la crueldad de ese mismo sistema se pueden apreciar a flor de tierra) parecen delineadas de los grandes ejemplos de la tradición revolucionaria occidental.
Esa larga tradición también nos da cuenta de que todas las grandes revoluciones fueron derrotadas, o traicionadas (que es otra forma de la derrota).
¿Existe alguna salida para el atolladero boliviano?.
En términos estrictamente realistas, la correlación de fuerzas a nivel interno está relativamente a favor del bloque conformado por indígenas, campesinos y sectores populares urbanos que apoyan a Evo Morales, fundamentalmente en la zona noroeste del país. Pero las burguesías del sur y oeste del país, donde se asienta la riqueza hidrocarburífera y minera, han ganado base social resucitando las viejas reivindicaciones regionales.
Si la cosa se dirimiera sólo a partir de la coyuntura estratégico militar, el bloque “popular y progresista”, por darle un nombre, cuenta, al parecer, con la mayoría de las FF.AA. la policía. Por ende, tendría posibilidades de victoria.
Pero toda guerra civil se internacionaliza. Y fuera de Venezuela, ¿quien apoyaría a las fuerzas constitucionales del presidente Evo Morales?. No se ve al gobierno argentino, ni mucho menos al brasileño, inmiscuyéndose en una guerra civil con un fuerte componente étnico y de clase. Lo que más quieren esos dos países, y también Chile, es asegurarse la provisión de gas. Ni pensar en un apoyo de las potencias europeas...en el mejor caso, se puede esperar la neutralidad. Y ya sabemos de que lado encontraríamos a los Estados Unidos.
Por ende, la situación internacional favorece a las fuerzas conservadoras. Estos grupos sociales lo saben, y alientan las provocaciones de la Falange boliviana y los grupos de choque “cívicos” en función de tensar la cuerda, suponiendo, con razón, que Evo Morales y Álvaro García Linera se verán en algún momento obligados a negociar.
Claro que todos estos cálculos son sobre el papel. Nadie sabe que puede pasar si los sectores más duros de la derecha intentas alguna provocación sangrienta – la historia boliviana está llena de matanzas, magnicidios y golpes de estado -, y los sectores populares ganan la calle, y las armas. El fantasma de la guerra de España se encuentra al acecho.
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