viernes 3 de julio de 2009

Racismo a la italiana


La criminalización de los inmigrantes sancionada institucionalmente por el parlamento italiano – dominado por las huestes de Silvio Berlusconi – constituye la mayor derrota de la democracia en Europa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hace 64 años.

Resulta la culminación de un largo proceso iniciado en las prósperas sociedades del viejo continente a partir de la caída del Muro de Berlín y el triunfo de la Revolución Conservadora con su oleada de privatizaciones, desocupación e inmigración masiva desde los empobrecidos países de Europa del Este, África y América Latina para cubrir aquellos puestos de trabajo necesarios para la estructura productiva, pero insalubres y mal pagos.

Buena parte de la población de Europa Occidental se adaptó con dificultad a los vertiginosos cambios, atrapada en las tenazas del consumismo hedonista e individualista propuesto por la publicidad como eje motor del capitalismo globalizado, y la zozobra económica permanente de la precariedad laboral y la inestabilidad económica. El extranjero, el bárbaro – palabra griega que nominaba a quien no pertenecía por nacimiento a la polis, la ciudad estado- resulta un recordatorio permanente de la doble amenaza que trae aparejada la globalización: el fin de la estabilidad económica y del provincianismo cultural.

Sancionada en plena crisis económica mundial, esta ley ya tenía sobrados antecedentes en la reciente votación del Parlamento Europeo endureciendo la legislación marco sobre el tratamiento de la inmigración en la UE. También en el sostenido y constante crecimiento de los partidos de ideología xenófoba, cuyo mayor “mérito” es haber permeado el discurso de la derecha tradicional y desplazado los ejes del debate sobre la cuestión social desde la defensa del estado de bienestar a la culpabilización al inmigrante como “ladrón” de puestos de trabajo.

Es que en términos políticos el populismo de derecha encarnado por un magnate de los medios como Silvio Berlusconi pergeña una vía de escape ideológica y cultural a la crisis estructural del capitalismo, como respuesta anticipada (contrarrevolución preventiva) a la opción de una “salida por izquierda”: la extensión de los derechos sociales, políticos y culturales a partir de la ampliación de la democracia.

Pero no nos engañemos: un personaje con “Il Berlusca” no gana elecciones tan sólo por tener dinero y manejar medios de comunicación. Una buena proporción de la sociedad italiana se identifica con las actitudes, los dichos y los hechos de Berlusconi, con el sistema de valores, la visión del mundo que Silvio encarna.

La derecha puede ser “popular” cuando sabe tocar las cuerdas de lo más negro de la psiquis humana, “virtud” que se potencia si se presentan las condiciones que favorezcan estados de psicosis colectivas. Los traumas institucionales y económicos sufridos por Italia en las dos últimas décadas generaron un suelo fértil para este tipo de propuestas.

El Fascismo, ideología y movimiento originalmente italianos, puede ser considerado una de las primeras derechas de masas de la historia. Benito Mussolini supo interpretar como nadie ciertos valores de las clases medias peninsulares, y como hombre proveniente de la militancia socialista, también encuadrar a parte del movimiento obrero a partir de la satisfacción de ciertas reivindicaciones históricas de la clase trabajadora.

Diríase que un fantasma recorre Europa, pero no ya el del Comunismo profetizado por Marx y Engels hace 160 años, sino del de un Neofascismo que adquiere los ropajes republicanos para pasar de contrabando sus consignas reaccionarias y hacerlas realidad a través de la legalidad del estado democrático de derecho.

Esta paradoja es el desafío que enfrenta la izquierda europea, al que todavía no le encuentra la vuelta, quizás porque se olvidó de abrevar en la añeja tradición de la lucha antifascista del período 1930-45. Esa generación de militantes e intelectuales comprendió que la idea de la democracia va siempre unida a la de justicia social, y el concepto de Nación a los valores universales de los Derechos Humanos que los vencedores de la Segunda Guerra plasmaron en la Declaración Universal cuando crearon las Naciones Unidas.

Desafío planteado también para la progresia y la izquierda latinoamericanas: nunca pasó mucho tiempo entre la aplicación de ciertas ideas en el centro del sistema, y su traslado a la periferia.

miércoles 1 de julio de 2009

Al maestro con cariño


Se nos fue Oscar Raúl Cardoso.

Seguidor durante años de sus columnas en Clarín, nunca nos conocimos personalmente. Si este blog está linkeado en “afuerayadentro” es gracias a la generosidad de don Oscar – típica de los grandes en cualquier profesión – que rescató una nota de este autor sobre la Franja de Gaza y la colgó junto a la suya sobre el mismo tema: algo así como que Maradona diga “que bien juega este pibe…”.

Se lo va a extrañar, como tipo y como periodista. Gente de su calidad, en este país, no sobra… lamentablemente.


lunes 8 de junio de 2009

CUBA Y LA OEA


Ríos de tinta han corrido sobre la votación unánime que derogó la resolución de expulsión de Cuba como miembro de la Organización de Estados Americanos (OEA).

Como bien señaló el Secretario General de esa organización, el chileno José Miguel Insulsa, el carácter “histórico” de esta decisión se verá en el futuro, particularmente si es que, finalmente, el Congreso de los Estados Unidos de América resuelve poner fin al embargo y bloqueo que impuso desde hace más de cuatro décadas a la isla caribeña.

Fidel Castro calificó a la OEA como “ministerio de colonias de los Estados Unidos”, por lo que resulta lógico que el gobierno cubano no tenga interés en reintegrarse a esa organización.

Por otro lado, la actual administración demócrata otorga predominio a la diplomacia por sobre la guerra en el nuevo diseño de su política exterior. El objetivo sigue siendo el mismo que con Bush: sostener el predominio mundial estadounidense. Sólo que la crisis capitalista mundial y el fracaso en Irak han redefinido la agenda y la estrategia.

Distensión parase ser la palabra clave. Calmar las aguas para concentrar todas las energías de la administración Obama en la resolución de la crisis económica y en el máximo desafío geopolítico: la región Afganistán- Pakistán. Se entiende entonces porque la mano tendida al continente.

Es que Cuba ha sido, desde hace cinco décadas, la vara con que se mide la actitud de Estados Unidos hacia Latinoamérica. Para bien o para mal.

Cabe recordar que las raíces de la vocación hegemónica continental estadounidense no nace con la Guerra Fría: hunde sus raíces en el Siglo XIX, con la Doctrina sentada por el presidente Monroe, “América para los americanos” (…del norte, agregamos nosotros…) y la guerra en la que México perdió la mitad de sus territorios heredados del imperio español.

Continúa en el siglo XX con el llamado “Corolario Roosevelt” (Teodoro, presidente a principios del siglo pasado, no confundir con su sobrino Franklin Delano, 4 veces presidente, vencedor de la crisis económica de 1929 y de la Segunda Guerra Mundial).El “Tío” Teodoro estableció que ninguna potencia extracontinental podía intervenir en Latinoamérica sin solicitar permiso al hermano grande del norte. A partir de 1945 el enfrentamiento con la Unión Soviética reforzó el “cerco” con la creación de la OEA y el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR).

La Guerra Fría terminó hace 20 años. Por el contrario, la doctrina Monroe sigue teniendo plena vigencia.

viernes 5 de junio de 2009

GLADIADORES MODERNOS


Siempre le temí a la metáfora de los futbolistas como modernos gladiadores (por lo poco original). Sin embargo, Pep Guardiola, el DT del Barcelona FC se lo tomó literalmente, como se observa en el video “motivacional” que proyectó a sus jugadores minutos antes de salir a la cancha en el estadio de Roma a disputar la final de la Liga de Campeones de Europa.
No sé si Guardiola estará al tanto de las interpretaciones posibles. La primera asociación, la más espontánea, es con el Circo Romano. No por lo sangriento –el fútbol es un deporte de contacto físico, pero ni punto de comparación con una lucha a muerte-. El Circo fue el entretenimiento de masas de uno de los imperios más importantes de la historia. Digamos que el romano es en muchos sentidos el modelo del imperialismo moderno. Michel Hart y Tony Negri tomaron la idea del “Imperio” para analizar los sistemas de dominación en la sociedad capitalista globalizada post industrial – o post moderna, si prefieren-.
¿Serán los jugadores de balompié recolectados de todas las naciones por los empresarios del deporte-negocio-espectáculo los encargados de entretener a las audiencias plebeyas planetarias?
La televisión e Internet – controladas por las grandes corporaciones transnacionales- ofrecen una buena plataforma para el Circo Global.
Mientras veíamos en casa, o en un bar, las acrobacias de genios del fútbol como Messi o Ronaldinho, los guardianes del Imperio torturaban – secreta, e impunemente- en Abu Grijab y Guantánamo.

jueves 16 de abril de 2009

La democracia en crisis


La democracia argentina enfrenta los mayores desafíos desde su nacimiento el 10 de diciembre de 1983, pero parece que la dirigencia, los medios de comunicación y la opinión pública todavía no se dieron cuenta.

La actual crisis del sistema capitalista, que puede transformarse en una depresión económica global aún más grave que la iniciada con el crack de Wall Street en 1929 – según opinión de distintos expertos- encuentra al país en una situación particularmente conflictiva en tres frentes: económico, social y político.

Desde el punto de vista económico, el vertiginoso crecimiento de la economía mundial traccionada por China durante los últimos 5 años - y del cual se benefició Argentina gracias a las exportaciones de soja - disimuló la crisis terminal del modelo económico neoliberal basado en la desindustrialización y la apertura absoluta de la economía al capital foráneo. La salida neodesarrollista propuesta y aplicada por Roberto Lavagna consistió en ponerle un parche al modelo, sin cambiar sus piezas maestras. Este “aggiornamiento” fue respetado, en lo fundamental, por el matrimonio Kirchner. Y es aceptado, explícita o implícitamente, por buena parte del arco político.

Las consecuencias sociales directas del neoliberalismo – tan solo mitigadas por la corrección desarrollista- fueron la caída en la pobreza estructural de aproximadamente un tercio de la población – en promedio- durante la última década, junto al empobrecimiento relativo de un importante sector de las clases medias, particularmente las asalariadas. Buena parte de la violencia urbana puede explicarse a partir de generaciones enteras de jóvenes que nacieron y crecieron en la miseria, la marginación y la discriminación.

Desde el punto de vista político, el desmantelamiento del Estado de Bienestar y la implosión del sistema de partidos a partir de la corrupción endógena y la degradación exógena originada en el tratamiento antipolítico que dan ha los hechos políticos ciertos comunicadores y medios de comunicación – el antipoliticismo es un tópico central en la retórica del espectáculo televisivo, y también en la retórica del discurso neoliberal- han dejado a los argentinos un “Estado Bobo” sin capacidad de gestión, junto a un sistema de partidos desnaturalizado. Las organizaciones partidarias ya no son las proveedoras de proyectos colectivos, liderazgos y cuadros de gestión para la sociedad, sino apenas grandes agencias de “empleo público”, en las que los casos de corrupción son moneda corriente. Dependen de candidatos “mediáticos”, generalmente provenientes de ámbitos ajenos a la actividad política como tal: deportistas, estrellas del espectáculo y poderosos empresarios encabezan sus listas. Los cuadros técnicos son provistos por lo “Think Tanks”, generalmente usinas del pensamiento de la derecha ideológica.

En conclusión: una democracia sin partidos políticos y sin Estado. Una economía que comienza a padecer los estragos de la crisis mundial, con un sector industrial relativamente débil; que además depende de los ingresos por exportaciones agropecuarias para mantener su nivel de actividad; a la sazón también dominada por grandes conglomerados monopolistas, en la mayoría de los casos empresas transnacionales. Una situación social explosiva, que se traduce en violencia delictiva sistémica y “microestallidos” sociales permanentes.

Una característica notable de esta coyuntura electoral, lo que la hace en extremo peligrosa para la vigencia misma de la democracia, no como un sistema electoral, sino como un modo de vida en sociedad que implica el respeto de los Derechos Humanos tal cual están definidos en la Declaración de las Naciones Unidas y en nuestra Constitución Nacional, es que la agenda de la derecha ideológica - apuntalada por algunos comunicadores y medios de comunicación con gran llegada al público - pone el foco en tres puntos: inseguridad, corrupción política, crisis económica. Y para los tres propone soluciones autoritarias.

Contra la crisis de inseguridad urbana sugiere la transformación del Estado de Derecho Constitucional en un Estado Policíaco – respetando ciertas “formalidades” republicanas- Contra la corrupción política, sostiene a candidatos que basaron su – paradójico- éxito político electoral en un discurso “antipolítico”. Contra la crisis económica – originada en el crack la global del capitalismo de libremercado- reducción de impuestos y… “libertad de mercado”.

Cabe recordar que toda campaña electoral es, básicamente, la puesta en juego de discursos diversos y contradictorios – tal es la esencia de la democracia política- que identifican y movilizan a distintos actores sociales, con intereses muchas veces contrapuestos. Jamás debe ser lo que venimos viendo desde hace mucho tiempo: una puesta en escena marketinera bajo las reglas del “Music Hall” y el espectáculo televisivo.

Urge poner en circulación discursos claramente alternativos que en el devenir de esta campaña confronten contra la pretensión de imponer un “discurso único” por parte de algunos comunicadores y medios. Se trata de ganar votos – ganar voluntades- a partir del sano ejercicio de la palabra, la acción y la propaganda netamente políticas.

jueves 26 de marzo de 2009

Inseguridad: generar la enfermedad para vender el remedio


La violencia urbana es hija directa – y dilecta- de la exclusión social, la pérdida de horizontes y metas sociales para los individuos y la anomia que produce el capitalismo librado a su propia (salvaje) lógica.
20 años de economía de libre mercado y destrucción del estado de bienestar han trasformado nuestras grander urbes en verdaderas “junglas de asfalto” mucho más violentas que aquel hermoso policial negro filmado por John Huston en los años ’50.
La suplantación de la regulación del estado democrático por las corporaciones y las grandes empresas privadas junto a la desaparición de la política como ámbito de debate y decisión de la “res pública”, y su reemplazo por los grandes conglomerados de “comunicación” que gobiernan la opinión pública son una combinación explosiva que deja a las naciones a merced del gobierno de selectas minorías que detentan el poder económico y mediático, trasformando nuestras democracias en un decorado de cartón tras el cual se encubren los tejes y manejes de los poderosos, y sus intereses.
La tematización sistemática de los grandes medios sobre la inseguridad urbana y el delito va más allá del sensacionalismo y la búsqueda de mayores índices de audiencia. Estamos entrando en un período histórico en que la existencia misma del capitalismo está siendo puesta a prueba: su capacidad de producir riqueza y socializarla a la mayoría de la población, para sostener su legitimidad como sistema.
El discurso sobre la crisis de seguridad ciudadana apunta a explotar las nociones de “sentido común” o “pensamiento simple” de amplios grupos sociales, que rebasan a las clases medias. Estos individuos y grupos cuya psicología fue dislocada por las sucesivas crisis económicas y sociales son vulnerables a la propaganda demagógica de la “mano dura” y el “discurso del orden” en general. Se trata de una compensación simbólica que ofrece la derecha, a cambio de la seguridad económica que el sistema no puede brindar. De paso, sirve para canalizar la agresividad hacia “chivos expiatorios” y desviarla de su verdadero objetivo: aquellos que condujeron a la nación a una situación desoladora arropados en las banderas del neoliberalismo.

¿Es México un "Estado Fallido"?


Hillary Clinton acaba de responder que no. En su reciente visita a ese país reconoció – en parte- la responsabilidad que le cabe la los Estados Unidos en la crisis de seguridad que ha generado la lucha del estado mexicano contra los cárteles de la droga.

La tan mentada “guerra” que las fuerzas de seguridad y el ejército están perdiendo contra los empresarios del narcotráfico y sus ejércitos privados, financiados a través del lavado de dinero que realizan a través del sistema financiero internacional “legal”, y de las armas “legales” que compran libremente cruzando el Río Bravo, en los mismísimos Estados Unidos.

Este mea culpa oficial de Washington – con reconocimiento incluido de ser el principal mercado consumidor – viene acompañado de la consabida ayuda militar, que tan nefastos resultados produjera en Colombia. Si se puede hablar de algún éxito de la “Guerra al Narcotráfico” llevada a cabo en ese país sudamericano, es que empujó el negocio – sin eliminarlo – hacia Centroamérica y México.

Y es que la globalización está en las raíces del problema. Ya que el debilitamiento de los sistemas políticos y la regulación estatal sobre las economías trajo como consecuencias el crecimiento de la pobreza, y el fortalecimiento de las organizaciones criminales. Ambas se alimentan mutuamente. Los clientes y los empleados de las mafias y los cárteles del narcotráfico se reclutan en gran número entre los pobres. Estados imposibilitados de garantizar trabajo, educación y salud, junto a fuerzas de seguridad y sistemas políticos corrompidos y cómplices hicieron el resto.

México es un ejemplo sumamente didáctico sobre los efectos que sobre una economía medianamente desarrollada produce la desregulación absoluta y la apertura irrestricta al capital extranjero, en paralelo con la desintegración de las representaciones políticas y sociales tradicionales – sin que surjan nuevas que las reemplacen- , agravado esto por élites cuya mirada está puesta exclusivamente en sus negocios particulares. Sin atreverse a pedir ser siquiera un “Estado Libre Asociado”, se subordinan acríticamente al vecino del norte.

No serán los millones de dólares que Estados Unidos aporte en logística y armamento los que derrotarán a las mafias del narcotráfico, sino una renovación total y profunda de las estructuras políticas y sociales del Estado mexicano.